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Otra forma de ver el deporte


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28.10.02

 
Gym Life-

Esto es GYM LIFE. Una manera diferente de entender el deporte, en cap?tulos novelados.
Los nombres de las personas que aparecen en "Gym Life" son falsos, por aquello de la intimidad.
En el presente, la autora disfruta de una vida gimn?stica plena ya que, gracias a este diario, pudo superar la fase de adaptaci?n a la vida sana.
Si deseas leerlo, debes empezar por el primer cap?tulo -abajo del todo- e ir subiendo.
Gracias. Espero que te guste.




24.9.02

 
Gym Life- Capítulo 16

Hace muchísimo que no escribo. Verano mediante y vuelta al cole, se puede decir que ya me he reincorporado plenamente a mi vida de gimnasio.
He tenido tiempo de disfrutar del balneario varios días, incluso hemos invitado a un amigo a machacarse en una clase de spinning y posteriormente exudar sus toxinas en el bańo turco.
Nada más volver, en Septiembre, hubo una inundación gigantesca porque se rompió una tubería del Canal de Isabel II justo sobre el vestuario femenino. La cosa no deja de tener su gracia, porque al ver en la puerta a los bomberos, la policía y demás, todos pensamos que se había hundido el balneario (situado en una primera planta) y suspiramos de alivio al enterarnos del verdadero origen de los mil y pico litros de agua. Claro que, viendo la cara del dueńo, vestido con unas botas de agua hasta los sobacos, sin afeitar y balbuceando el pobre nosequé al teléfono, supongo que nuestro alivio le parecería hasta ofensivo.
Pasado el trance, todo ha vuelto a la normalidad.
Hemos descubierto que se puede comer en el pequeńo restaurante del gimnasio por un precio más o menos módico. ESto quiere decir que resulta asequible si eres anoréxico y menos asequible si sales de una clase de spinning con hambre de hipopótamo. Pero eso de "hacer una clase y luego comer en el gimnasio" queda super sano, aunque te salga la fideuá por las orejas.
También he descubierto que uno de mis profes favoritos ha sido Mister Venezuela. No, si ya decía yo.
Por último, hoy he visto algo muy chocante en el vestuario: una chica bastante entradita en carnes y con una cara de claros antecesores ovinos, lucía una camiseta que rezaba "pasión por el deporte". Por más que lo he intentado, no he logrado concebir en mi mente los tres conceptos juntos: la chica en cuestión, pasión y deporte.
Qué cosas.





25.6.02

 
Gym Life- Capítulo 15



Glorioso. Sencillamente glorioso. Han abierto, por fin, el balneario!!. Y tamańa ocasión merecía un estreno lleno de grandeza: doble sesión, una hora de spinning y una hora de cardio training, separadas entre sí por media hora de balneario.
Suelos de madera, un bańo turco inmenso con estrellitas que simulan luces en el techo y cambios de luz y de color con efecto relajante. A la salida, microducha: chorros finísimos de agua fría que crean la sensación corporal de estar inmerso en una niebla fresquita que penetra por los poros y los oxigena. Para continuar, un inmenso jacuzzi o la piscina. La piscina tiene camas de agua (una especie de hamacas que salen del suelo de la piscina y cuya superficie está minada de pequeńos agujeritos por donde salen chorritos de agua fresca), chorros a presión para las cervicales, los gluteos... una cascada de agua y miles de chorritos escondidos en cada recoveco.
Hemos disfrutado como si de un parque de atracciones se tratara, ataviados con nuestros bańadores, nuestras camisetas y nuestras chanclas acuáticas.
Tras todo ello, nos hemos ido a celebrarlo con una buena cena.
Pero como nada es perfecto, hoy tengo un terrible ataque de lumbago debido a un sobreesfuerzo sobre la bicicleta estática: intentar vencer la resistencia del 100% con mi ridiculo peso es algo que juro no volver a hacer.
Hoy, postrada en mi cama, me reconforto en la memoria de los vapores saunísticos.

Continuará...





20.6.02

 
Gym Life- Cap?tulo 14

Hoy he comprobado lo que pueden hacer tres copas de vino blanco en la sangre durante una sesi?n de cardio-training:.... maravillas. Y mira que ten?a miedo de ir al gimnasio hoy, después de la escasa comida regada con abundante vino blanco que he tenido el placer de disfrutar bajo un bochornoso sol de junio pero, me he armado de valor y de una bolsa de "pajitas al ketchup" para prevenir un desfallecimiento repentino y he sido fiel, una vez m?s, a la clase de Michel?ngelo.
Entre otras cosas porque hab?a quedado con una de mis amigas de gimnasio que, por cierto, no ha venido. Y también para sentirme bien conmigo misma ante los excesos que se avecinan este fin de semana.
Pues bien, medio borracha y con la tensi?n arterial de un erizo me he lanzado a la apasionante aventura de poner mi coraz?n al l?mite de su capacidad a base de dar saltos sobre una sola pierna, forzar los m?sculos como si fueran gomas de mascar e intentar seguir una serie de coreograf?as imposibles para todo el mundo menos para Michel?ngelo.
Y, curiosamente, no s?lo lo he conseguido sin sufrir un desmayo o vomitar la comida, sino que para mi sorpresa he realizado una clase de diez. Ni siquiera Michel?ngelo me ha tocado hoy la zapatilla: seguramente estaba tan fascinado por mi capacidad aer?bica que ha pensado que la imagen de mi misma ejecutando los complicados ejercicios a la perfecci?n, no era m?s que un holograma, un espejismo, una corporea musa del deporte.
Y eso es todo.
Después, he sudado el resto de vino blanco en el ba?o turco, me he embadurnado de aceite para ni?os de la cabeza a los pies y me he dirigido a casa a cenar, dejando que la brisa acariciara mi pelo mojado y disfrutando del alma de las calles alegres por el verano, acompa?ada de mi flamante novio.


Continuar?......





17.6.02

 
Gym Life- Capítulo 13

Hoy ha sido un día muy revelador en el gym: por fin mis compańeras se han decidido y han empezado a utilizar mini-shorts. Por supuesto, me apuntaré a esta moda veraniega rápidamente (no sin antes depilarme, claro) y desempolvaré los pantaloncitos que me compré antes de empezar mi aventura gimnástica y que no me atreví a lucir por no llamar demasiado la atención y pasar un tanto desapercibida. Además, con mis zapas plateadas ya he cubierto el cupo de glamour que toda gimnasta tiene asignado en esta vida: utilizaré los mini-shorts ahora, cuando todas las demás ya hayan estrenado los suyos. Una no puede andar marcando estilo y moda todos los días, hay que dejar también que las demás hagan sus pinitos y se luzcan. Que la envidia es muy mala.
Tras una clase muy agotadora, durante la cual la falta de aire me ha hecho sudar más de lo habitual, me he abandonado al masoquismo más absoluto y, no contenta con haber sudado en la calle, en la oficina y en la clase de "cardio" con Michelángelo, me he metido directa a la sauna.
Y mira tu por donde en la sauna he hecho una amiga. Ya tengo dos amigas. Dos amigas de gimnasio. Con ellas converso animadamente mientras me quito o me pongo las bragas, me embadurno de cremas o me deshidrato en la sauna. La amistad de gimnasio es muy reconfortante porque, al contrario que en los ascensores, siempre hay un tema de conversación. Hoy, por ejemplo, he hablado con mi nueva amiga de lo de las compresas, y estaba totalmente de acuerdo conmigo en todo, excepto en lo de montar un mercado negro; pero simplemente porque es un poco pija y no ha entendido la expresión "mercado negro": menos mal que la bajada de tensión que me acontecía me ha hecho saltar literalmente a la ducha de agua fría y no le he seguido hablando de mis elaborados planes, pues de haberlo hecho estoy segura de que hubiera pensado que estoy loca, y me hubiera quedado sin amiga.
Por cierto: Michelángelo lo ha vuelto a hacer.

Continuará....





12.6.02

 
Gym Life- Capítulo 12

Nadie lo va a creer pero ha vuelto a pasar: Michelángelo, en mitad de un esforzado ejercicio de suelo en clase de cardio-training, se dirigió ayer hacia mi zapatilla y ˇˇvolvió a tocarla!!.
Creo que mis zapatillas ejercen sobre él un poderoso efecto hipnotizante y seductor y que ha quedado atrapado de por vida en lo que llamaré el "hechizo plateado".
Y que nadie se dé a engańo: sé positivamente que el hecho de corregir la postura de mi pie durante el ejercicio no es porque yo lo haga mal (que lo hago estupendamente); es la coartada del poderoso efecto imán en el que este hombre ha quedado atrapado.
Cambiando de tema, he estado comentando con Juan Antonio la diferencia de pudor entre los vestuarios femenino y masculino. Resulta que , en el vestuario masculino, todos los comensales van bien tapaditos con sus toallitas a la romana, se cambian de ropa frente a su taquilla y poco más. Pues bien, en el otro vestuario, las féminas pasean libremente luciendo cacha, pecho y mapache sin tapujo alguno, se cambian de ropa donde mejor les place y utilizan los secadores, la báscula y las fuentecitas de agua como si aquello fuera la casa de Eva. Quizá sea por el bańo turco (en el vestuario masculino no hay), pero infiero que hay mucho más ambiente en la zona femenina. O por lo menos, un ambiente más distendido.
De hecho, creo que empiezo a comprender por qué paso casi más tiempo en los vestuarios que haciendo ejercicio: los alicientes que esconde este búnker de lo femenino son casi o tan interesantes como el ejercicio en sí mismo. Charla animada, potingues, jacuzzi, sauna, bańo turco, duchas a presión de agua muy caliente o muy fría, unas hamacas frente a una televisión, básculas digitales estupendas, fuentecitas de agua helada, una hilera de secadores, espejos por todas partes y una visión de lo más variopinta de cuerpos femeninos: más o menos gordos, más o menos depilados, más o menos firmes, más o menos jóvenes.. todos ellos en armonía y buen rollo, sin complejos y sin lascivia. Es algo así como una comuna hippie matriarcal donde cada una va a su bola en plan lúdico, luciendo palmito tonificado y disfrutando de la intimidad que proporciona el saberse igual, y al tiempo diferente, a las demás.
Quién sabe, quizá algún día nos hagamos fuertes en el vestuario y, desde las profundidades vaporosas del gimnasio nos proclamemos libres y rebeldes, negándonos a volver a la oficina nunca más o, por lo menos, hasta agotar los recursos del gimnasio. En principio, tenemos todo lo necesario para sobrevivir durante una buena temporada: comida del restaurante, agua a raudales, hombres -que secuestraremos- en el vestuario anexo..... ah! y un montón de compresas.
Claro que, seguramente, acabaríamos todas detenidas tras sucumbir (no sin haber luchado hasta la extenuación) al ataque de algún comando de operaciones especiales del ejército cuyo objetivo fuera reducirnos y hacernos desistir de nuestros ambiciosos planes de vivir sin trabajar (y en pelotas).

Continuará....




6.6.02

 
Gym Life- Capítulo 11

Ayer deleité a mi cuerpo con una clase de spinning (esta vez con un profesor chileno homosexual que está super-estupendo de cuerpo y de todo, y que además es el profe que da clases de yoga) a mediodía, prácticamente en ayunas. He podido comprobar que el ejercicio intenso en ayunas no sólo es más costoso, sino que agudiza la sensación de colapso inminente que me suelen provocar las clases de spinning. Sudé más que de costumbre y creí morir en un par de ocasiones, pero finalmente y, como siempre, mis músculos supieron dejar bien alto el pabellón de mi resistencia aeróbica.
Por cierto, ya utilizo a diario mis zapatillas plateadas. El otro día en una clase de "cardio-training" con Michelángelo, éste se acercó a mi en un ejercicio de subir y bajar la pierna desde el suelo y me tocó levemente la zapatilla, supuestamente para corregir la postura de mi pie: pero yo sé que en realidad la tocó porque NECESITABA tocar ese prodigio estético que adorna, protege y hace volar mis pies a ritmo de merengue. Supongo que más de uno y una se muere por comprobar la virtualidad de mis zapatillas plateadas, únicas en el Gym.
Otro accesorio que me adorna es un sujetador deportivo de recién adquisición que, por razones obvias, he empezado a utilizar bajo mi atuendo habitual; todo ello gracias a las indicaciones de Juan Antonio que, sabiamente, observó que el impacto de los saltos podía tener a medio plazo un efecto muy pernicioso en mis casi musculosos pectorales.
Pero lo mejor del día fué que, de regreso a los vestuarios, escuché una voz ahogada de mujer que provenía de no se sabe dónde pidiendo auxilio de este modo: "Holaaaaaaaa! Ayudaaaaaa!".
El sabueso que hay en mi inmediatamente se percató de que alguien estaba en apuros, y tras seguir el rastro concienzudamente dí con una puerta cerrada de la que colgaba un cartel de "privado".
Efectivamente, una celadora se había quedado encerrada en uno de los almacenes ( seguramente donde se guardan las valiosas compresas) . Rápidamente organicé un plan de rescate y tranquilicé a la víctima, que al parecer llevaba casi una hora encerrada sin que nadie se hubiera percatado de ello.
Con un poco de suerte esta seńorita me lo agradecerá algún día con el obsequio de una depilación, mascarilla o similar.

Continuará.......



 
Gym Life- Capítulo 11

Ayer deleité a mi cuerpo con una clase de spinning (esta vez con un profesor chileno homosexual que está super-estupendo de cuerpo y de todo, y que además es el profe que da clases de yoga) a mediodía, prácticamente en ayunas. He podido comprobar que el ejercicio intenso en ayunas no sólo es más costoso, sino que agudiza la sensación de colapso inminente que me suelen provocar las clases de spinning. Sudé más que de costumbre y creí morir en un par de ocasiones, pero finalmente y, como siempre, mis músculos supieron dejar bien alto el pabellón de mi resistencia aeróbica.
Por cierto, ya utilizo a diario mis zapatillas plateadas. El otro día en una clase de "cardio-training" con Michelángelo, éste se acercó a mi en un ejercicio de subir y bajar la pierna desde el suelo y me tocó levemente la zapatilla, supuestamente para corregir la postura de mi pie: pero yo sé que en realidad la tocó porque NECESITABA tocar ese prodigio estético que adorna, protege y hace volar mis pies a ritmo de merengue. Supongo que más de uno y una se muere por comprobar la virtualidad de mis zapatillas plateadas, únicas en el Gym.
Otro accesorio que me adorna es un sujetador deportivo de recién adquisición que, por razones obvias, he empezado a utilizar bajo mi atuendo habitual; todo ello gracias a las indicaciones de Juan Antonio que, sabiamente, observó que el impacto de los saltos podía tener a medio plazo un efecto muy pernicioso en mis casi musculosos pectorales.
Pero lo mejor del día fué que, de regreso a los vestuarios, escuché una voz ahogada de mujer que provenía de no se sabe dónde pidiendo auxilio de este modo: "Holaaaaaaaa! Ayudaaaaaa!".
El sabueso que hay en mi inmediatamente se percató de que alguien estaba en apuros, y tras seguir el rastro concienzudamente dí con una puerta cerrada de la que colgaba un cartel de "privado".
Efectivamente, una celadora se había quedado encerrada en uno de los almacenes ( seguramente donde se guardan las valiosas compresas) . Rápidamente organicé un plan de rescate y tranquilicé a la víctima, que al parecer llevaba casi una hora encerrada sin que nadie se hubiera percatado de ello.
Con un poco de suerte esta seńorita me lo agradecerá algún día con el obsequio de una depilación, mascarilla o similar.

Continuará.......



 
Gym Life- Capítulo 11

Ayer deleité a mi cuerpo con una clase de spinning (esta vez con un profesor chileno homosexual que está super-estupendo de cuerpo y de todo, y que además es el profe que da clases de yoga) a mediodía, prácticamente en ayunas. He podido comprobar que el ejercicio intenso en ayunas no sólo es más costoso, sino que agudiza la sensación de colapso inminente que me suelen provocar las clases de spinning. Sudé más que de costumbre y creí morir en un par de ocasiones, pero finalmente y, como siempre, mis músculos supieron dejar bien alto el pabellón de mi resistencia aeróbica.
Por cierto, ya utilizo a diario mis zapatillas plateadas. El otro día en una clase de "cardio-training" con Michelángelo, éste se acercó a mi en un ejercicio de subir y bajar la pierna desde el suelo y me tocó levemente la zapatilla, supuestamente para corregir la postura de mi pie: pero yo sé que en realidad la tocó porque NECESITABA tocar ese prodigio estético que adorna, protege y hace volar mis pies a ritmo de merengue. Supongo que más de uno y una se muere por comprobar la virtualidad de mis zapatillas plateadas, únicas en el Gym.
Otro accesorio que me adorna es un sujetador deportivo de recién adquisición que, por razones obvias, he empezado a utilizar bajo mi atuendo habitual; todo ello gracias a las indicaciones de Juan Antonio que, sabiamente, observó que el impacto de los saltos podía tener a medio plazo un efecto muy pernicioso en mis casi musculosos pectorales.
Pero lo mejor del día fué que, de regreso a los vestuarios, escuché una voz ahogada de mujer que provenía de no se sabe dónde pidiendo auxilio de este modo: "Holaaaaaaaa! Ayudaaaaaa!".
El sabueso que hay en mi inmediatamente se percató de que alguien estaba en apuros, y tras seguir el rastro concienzudamente dí con una puerta cerrada de la que colgaba un cartel de "privado".
Efectivamente, una celadora se había quedado encerrada en uno de los almacenes ( seguramente donde se guardan las valiosas compresas) . Rápidamente organicé un plan de rescate y tranquilicé a la víctima, que al parecer llevaba casi una hora encerrada sin que nadie se hubiera percatado de ello.
Con un poco de suerte esta seńorita me lo agradecerá algún día con el obsequio de una depilación, mascarilla o similar.

Continuará.......



 
Gym Life- Capítulo 11

Ayer deleité a mi cuerpo con una clase de spinning (esta vez con un profesor chileno homosexual que está super-estupendo de cuerpo y de todo, y que además es el profe que da clases de yoga) a mediodía, prácticamente en ayunas. He podido comprobar que el ejercicio intenso en ayunas no sólo es más costoso, sino que agudiza la sensación de colapso inminente que me suelen provocar las clases de spinning. Sudé más que de costumbre y creí morir en un par de ocasiones, pero finalmente y, como siempre, mis músculos supieron dejar bien alto el pabellón de mi resistencia aeróbica.
Por cierto, ya utilizo a diario mis zapatillas plateadas. El otro día en una clase de "cardio-training" con Michelángelo, éste se acercó a mi en un ejercicio de subir y bajar la pierna desde el suelo y me tocó levemente la zapatilla, supuestamente para corregir la postura de mi pie: pero yo sé que en realidad la tocó porque NECESITABA tocar ese prodigio estético que adorna, protege y hace volar mis pies a ritmo de merengue. Supongo que más de uno y una se muere por comprobar la virtualidad de mis zapatillas plateadas, únicas en el Gym.
Otro accesorio que me adorna es un sujetador deportivo de recién adquisición que, por razones obvias, he empezado a utilizar bajo mi atuendo habitual; todo ello gracias a las indicaciones de Juan Antonio que, sabiamente, observó que el impacto de los saltos podía tener a medio plazo un efecto muy pernicioso en mis casi musculosos pectorales.
Pero lo mejor del día fué que, de regreso a los vestuarios, escuché una voz ahogada de mujer que provenía de no se sabe dónde pidiendo auxilio de este modo: "Holaaaaaaaa! Ayudaaaaaa!".
El sabueso que hay en mi inmediatamente se percató de que alguien estaba en apuros, y tras seguir el rastro concienzudamente dí con una puerta cerrada de la que colgaba un cartel de "privado".
Efectivamente, una celadora se había quedado encerrada en uno de los almacenes ( seguramente donde se guardan las valiosas compresas) . Rápidamente organicé un plan de rescate y tranquilicé a la víctima, que al parecer llevaba casi una hora encerrada sin que nadie se hubiera percatado de ello.
Con un poco de suerte esta seńorita me lo agradecerá algún día con el obsequio de una depilación, mascarilla o similar.

Continuará.......



 
Gym Life- Capítulo 11

Ayer deleité a mi cuerpo con una clase de spinning (esta vez con un profesor chileno homosexual que está super-estupendo de cuerpo y de todo, y que además es el profe que da clases de yoga) a mediodía, prácticamente en ayunas. He podido comprobar que el ejercicio intenso en ayunas no sólo es más costoso, sino que agudiza la sensación de colapso inminente que me suelen provocar las clases de spinning. Sudé más que de costumbre y creí morir en un par de ocasiones, pero finalmente y, como siempre, mis músculos supieron dejar bien alto el pabellón de mi resistencia aeróbica.
Por cierto, ya utilizo a diario mis zapatillas plateadas. El otro día en una clase de "cardio-training" con Michelángelo, éste se acercó a mi en un ejercicio de subir y bajar la pierna desde el suelo y me tocó levemente la zapatilla, supuestamente para corregir la postura de mi pie: pero yo sé que en realidad la tocó porque NECESITABA tocar ese prodigio estético que adorna, protege y hace volar mis pies a ritmo de merengue. Supongo que más de uno y una se muere por comprobar la virtualidad de mis zapatillas plateadas, únicas en el Gym.
Otro accesorio que me adorna es un sujetador deportivo de recién adquisición que, por razones obvias, he empezado a utilizar bajo mi atuendo habitual; todo ello gracias a las indicaciones de Juan Antonio que, sabiamente, observó que el impacto de los saltos podía tener a medio plazo un efecto muy pernicioso en mis casi musculosos pectorales.
Pero lo mejor del día fué que, de regreso a los vestuarios, escuché una voz ahogada de mujer que provenía de no se sabe dónde pidiendo auxilio de este modo: "Holaaaaaaaa! Ayudaaaaaa!".
El sabueso que hay en mi inmediatamente se percató de que alguien estaba en apuros, y tras seguir el rastro concienzudamente dí con una puerta cerrada de la que colgaba un cartel de "privado".
Efectivamente, una celadora se había quedado encerrada en uno de los almacenes ( seguramente donde se guardan las valiosas compresas) . Rápidamente organicé un plan de rescate y tranquilicé a la víctima, que al parecer llevaba casi una hora encerrada sin que nadie se hubiera percatado de ello.
Con un poco de suerte esta seńorita me lo agradecerá algún día con el obsequio de una depilación, mascarilla o similar.

Continuará.......




 
Gym Life- Capítulo 11

Ayer deleité a mi cuerpo con una clase de spinning (esta vez con un profesor chileno homosexual que está super-estupendo de cuerpo y de todo, y que además es el profe que da clases de yoga) a mediodía, prácticamente en ayunas. He podido comprobar que el ejercicio intenso en ayunas no sólo es más costoso, sino que agudiza la sensación de colapso inminente que me suelen provocar las clases de spinning. Sudé más que de costumbre y creí morir en un par de ocasiones, pero finalmente y, como siempre, mis músculos supieron dejar bien alto el pabellón de mi resistencia aeróbica.
Por cierto, ya utilizo a diario mis zapatillas plateadas. El otro día en una clase de "cardio-training" con Michelángelo, éste se acercó a mi en un ejercicio de subir y bajar la pierna desde el suelo y me tocó levemente la zapatilla, supuestamente para corregir la postura de mi pie: pero yo sé que en realidad la tocó porque NECESITABA tocar ese prodigio estético que adorna, protege y hace volar mis pies a ritmo de merengue. Supongo que más de uno y una se muere por comprobar la virtualidad de mis zapatillas plateadas, únicas en el Gym.
Otro accesorio que me adorna es un sujetador deportivo de recién adquisición que, por razones obvias, he empezado a utilizar bajo mi atuendo habitual; todo ello gracias a las indicaciones de Juan Antonio que, sabiamente, observó que el impacto de los saltos podía tener a medio plazo un efecto muy pernicioso en mis casi musculosos pectorales.
Pero lo mejor del día fué que, de regreso a los vestuarios, escuché una voz ahogada de mujer que provenía de no se sabe dónde pidiendo auxilio de este modo: "Holaaaaaaaa! Ayudaaaaaa!".
El sabueso que hay en mi inmediatamente se percató de que alguien estaba en apuros, y tras seguir el rastro concienzudamente dí con una puerta cerrada de la que colgaba un cartel de "privado".
Efectivamente, una celadora se había quedado encerrada en uno de los almacenes ( seguramente donde se guardan las valiosas compresas) . Rápidamente organicé un plan de rescate y tranquilicé a la víctima, que al parecer llevaba casi una hora encerrada sin que nadie se hubiera percatado de ello.
Con un poco de suerte esta seńorita me lo agradecerá algún día con el obsequio de una depilación, mascarilla o similar.

Continuará.......




 
Gym Life- Capítulo 11

Ayer deleité a mi cuerpo con una clase de spinning (esta vez con un profesor chileno homosexual que está super-estupendo de cuerpo y de todo, y que además es el profe que da clases de yoga) a mediodía, prácticamente en ayunas. He podido comprobar que el ejercicio intenso en ayunas no sólo es más costoso, sino que agudiza la sensación de colapso inminente que me suelen provocar las clases de spinning. Sudé más que de costumbre y creí morir en un par de ocasiones, pero finalmente y, como siempre, mis músculos supieron dejar bien alto el pabellón de mi resistencia aeróbica.
Por cierto, ya utilizo a diario mis zapatillas plateadas. El otro día en una clase de "cardio-training" con Michelángelo, éste se acercó a mi en un ejercicio de subir y bajar la pierna desde el suelo y me tocó levemente la zapatilla, supuestamente para corregir la postura de mi pie: pero yo sé que en realidad la tocó porque NECESITABA tocar ese prodigio estético que adorna, protege y hace volar mis pies a ritmo de merengue. Supongo que más de uno y una se muere por comprobar la virtualidad de mis zapatillas plateadas, únicas en el Gym.
Otro accesorio que me adorna es un sujetador deportivo de recién adquisición que, por razones obvias, he empezado a utilizar bajo mi atuendo habitual; todo ello gracias a las indicaciones de Juan Antonio que, sabiamente, observó que el impacto de los saltos podía tener a medio plazo un efecto muy pernicioso en mis casi musculosos pectorales.
Pero lo mejor del día fué que, de regreso a los vestuarios, escuché una voz ahogada de mujer que provenía de no se sabe dónde pidiendo auxilio de este modo: "Holaaaaaaaa! Ayudaaaaaa!".
El sabueso que hay en mi inmediatamente se percató de que alguien estaba en apuros, y tras seguir el rastro concienzudamente dí con una puerta cerrada de la que colgaba un cartel de "privado".
Efectivamente, una celadora se había quedado encerrada en uno de los almacenes ( seguramente donde se guardan las valiosas compresas) . Rápidamente organicé un plan de rescate y tranquilicé a la víctima, que al parecer llevaba casi una hora encerrada sin que nadie se hubiera percatado de ello.
Con un poco de suerte esta seńorita me lo agradecerá algún día con el obsequio de una depilación, mascarilla o similar.

Continuará.......





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